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Diario en Cuarentena

Escrito el 2 de abril de 2020. Día 14 de la cuarentena.


Un nuevo sol se levanta sobre un mundo viral. Esta pandemia ya se ha cobrado en Argentina 36 muertos, según fuentes como La Nación. 36 existencias que dejaron su estado de materia para pasar a ser el recuerdo doloroso de sus seres queridos. Mi parecer comienza un poco apocalíptico.


Después de dos semanas de un encierro casi hermético en mi hogar, le pongo una curita a mi nostalgia leyendo que 256 pacientes se recuperaron. Hay esperanza. Por lo menos yo lo siento así.


Leo estadísticas con cuadros asombrosamente infográficos (siendo diseñadora, aprecio una buena ilustración y colores que resalten datos de importancia en su jerarquía correspondiente) y en una pequeña porción de esos gráficos habito yo. Ilusamente, pienso qué quiero hacer cuando todo esto termine, cuando realmente pueda salir. Digo ilusamente porque soy un ser al que no le gustan las aglomeraciones ni los eventos masivos, por ende, no creo salir cuando de verdad se nos permita hacerlo; indefectiblemente todos lo van a hacer y yo no voy a querer despegarme de mi quietud. Igualmente, me dejo llevar por el anhelo de libertad.


Libertad de antes, libertad de ahora.


Hoy puede ser un día para pensar la libertad. Es 2 de abril. Conmemoramos a lxs veteranxs y caídxs de la Guerra de Malvinas. Y pronuncio y tipeo la “x” porque entre las sombras del machismo que habita en este universo están ellas, las que también lucharon desde el lugar que les tocó. La mayoría fueron enfermeras e instrumentadoras quirúrgicas civiles. También hubo voluntarias que casi nadie recuerda. Pero todas vivieron los horrores de ese 1982. “El veterano en el inconsciente colectivo es un hombre”, dice Alicia Panero, la escritora del libro Mujeres Invisibles, en una nota que le realizó el equipo de Infobae (shorturl.at/hjFLY).



Cuánto vacío y qué poca libertad habrán sentido (y sienten) al no ver valorada la entrega de su vida por su patria, por los suyos. La dignidad femenina no fue prioridad (no lo era antes, poco lo es ahora).


De manera simbólica haré mi pequeño homenaje escrito para aquellxs que fueron privadxs de su libertad para partir hacia una guerra perdida. Hoy cuelgo mi bandera virtual por ellxs y deseo el reconocimiento de todxs lxs que lucharon por el hoy, por la soberanía, por la libertad que aún se sigue esperando. La venda que colocaron en sus ojos es casi literal en un entorno desconocido, en una trinchera muy lejos de casa, en un hospital con muerte y sufrimiento alrededor. Lo que ves es lo que hay, y no hay nada más que desesperación, miedo y desconcierto. Eso, y no ver nada, es lo mismo. Ayer privados de ver, hoy privados de honor.


Leyendo notas y crónicas sobre los sucesos y remembranzas de aquel atroz abril, di con el filósofo León Rozitchner, quien escribió Las Malvinas: de la guerra "sucia" a la guerra "limpia". Mi reciente conocido León expresaba que "pensar no es sólo enunciar una idea: es roturar un cuerpo”, y contextualizando esas palabras dentro de mi simple homenaje cuasi poético, quisiera creer que abriendo estos pensamientos empatizando con lo que no viví, pero que otro vivió para que yo no tuviese que hacerlo, roturo no un cuerpo, sino almas que cultiven la conciencia y la memoria para no perder lo más valioso que un pueblo puede tener: memoria y aprendizaje.


Libertad física, libertad mental.


La otra cara de la moneda entre la libertad y el encierro se refleja en esos seres poseedores de cerebros extraordinarios y difíciles de comprender dentro del espectro autista.


Si. En un día como hoy se rinde homenaje a toda clase de valientes. Las luchas internas también deben ser valoradas. La comunicación e interacción social y la flexibilidad del pensamiento y de la conducta son dos áreas de gran dificultad para estos sujetos increíbles. Habría que ponerse en su lugar bajo estas circunstancias en donde todxs somos obligadxs a lidiar con nuestro propio encierro sin poder hacer nada al respecto más que respirar y apoyarnos en nuestra periferia afectiva.


No existe una fórmula mágica que solucione todo. Pero hay algo que alivia la intensificación de la angustia y preocupación: la empatía. Solo eso. En tiempos de crisis, ofrecer respiro y apoyo da la posibilidad de no sentir un internamiento forzado. Mi madre es docente; preceptora para ser más precisa. Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que saca fuerzas de donde no tiene para darle una sonrisa a aquellos que la necesitan para poder estar de pie. Eso es empatía. Se pone en el lugar de estos seres increíbles que habitan en esa fauna estudiantil, con una sonrisa, una palabra, una selfie… la OMS invita en sus comunicados a seguir determinados pasos para ayudar a estas personas y sus acompañantes a transitar la cuarentena de la mejor manera posible. Mi madre lo hace sin necesidad de leerlos.


Mi madre es libertad para ellos. Este diario es libertad para mí.

 
 
 

1 Comment


gutuap
Nov 06, 2021


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