Estheban, un editor de la vida
- Luciana Centurión Nakano

- Oct 27, 2021
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Por Luciana Centurión Nakano (2020).

Cuando pasa por Migraciones en algún aeropuerto, Estheban Reynoso pone “Periodista” como profesión y no se avergüenza de eso. Desde su adolescencia es parte de diferentes proyectos editoriales realizando entrevistas, notas e informes sobre música, cine y espectáculos. “Tuve la suerte de editar muchos libros de todo tipo, conociendo gente de toda calaña”, señala, tratando de recordar esos años. Trabajó con poetas, músicos, directores de arte, deportistas, fotógrafos, humoristas, médicos, arquitectos, ingenieros, expertos en diseño y demás profesionales, dando siempre lo mejor que tenía en cada ocasión. Realizó innumerables cursos de perfeccionamiento en escritura, redacción, edición y marketing. Tantos que no quiere enumerarlos. Su vida es una montaña rusa de experiencias y está abierto a tener más de ellas. “Aprendí, y lo sigo haciendo”.
Su vida es una montaña rusa de experiencias y está abierto a tener más de ellas. “Aprendí, y lo sigo haciendo”.
Con un café en la mano, este editor inicia audazmente una charla que lo hace recordar toda su trayectoria, digna de una película fantástica. Es un año especial: cumple cincuenta. Mira a su alrededor y se da cuenta de que, además, cumple treinta de carrera. Parecen cien.
Antes de empezar, recorre la superficie de su departamento. Busca inspiración y se ríe. El lugar está lleno de cosas. Hay cajas de libros sin abrir, ediciones limitadas y revistas de su autoría. Tiene una pared repleta de discos, varios sin escuchar, pero que son recuerdos de su paso por la industria discográfica. Algunos los vende, otros los guarda con cariño porque son parte de él. Lo que más resalta es la colección de discos de su banda favorita, que queda en evidencia en cuanto comienza a relatar su historia.
“Hacia fines de 1988, al terminar la secundaria, empecé a traducir las letras de canciones de Bon Jovi del inglés al castellano. Eran tiempos donde todavía internet no era algo tan común en los hogares, y sólo conseguías algo de material a través de libros y revistas de música que venían de importación”. Con ánimo de coleccionista, recopiló de a poco todas las canciones de los cuatro discos que había sacado su banda predilecta hasta ese momento. Paralelamente, investigó su historia, y casi como un juego armó una biografía. Su primer libro. El debut literario. Sin darse cuenta, se encontró sentado delante del dueño de una de las cadenas editoriales más importantes de Buenos Aires, con el motivo de su obsesión abajo del brazo. Entre idas y vueltas al departamento editorial, correcciones de estilo, diseño, elección de fotos, autorizaciones y firmas de contrato se sumergió en el mundo de la edición, casi de “prepo”, pero con un tema que lo atrapa hasta el momento. Para él valió la pena sin duda.
“Es mi vida, es ahora o nunca” predica una de las canciones de esta banda de rock que tanto lo apasiona, y así es como Estheban se toma las cosas. Él creó sus propias reglas. Nunca fue un alumno ejemplar. Se destacó por las bromas pesadas, su humor ácido y su variopinto grupo de amigos. Esto lo ayudó tiempo después, ya que su falta de timidez resultó clave en la industria musical. Siempre buscó la novedad, lo original… Y lo encontró.
“Es mi vida, es ahora o nunca” predica una de las canciones de esta banda de rock que tanto lo apasiona, y así es como Estheban se toma las cosas.
A principios de los noventa lo invitaron a cubrir un recital de Bon Jovi en la provincia de Córdoba. Le pidió a un amigo que vaya con él para sacar las fotos y con el impulso que lo caracteriza se embarcó en la aventura de escribir sobre la presentación en vivo de su grupo favorito. Gustó tanto su trabajo que le pidieron crear una revista sobre la llegada de Michael Jackson y Madonna a la Argentina. No le importó estar encerrado todo el día para escribir sobre música. Llegó a entrar en las oficinas de Warner, en donde le dieron todo el material para hacerlo. La suerte estuvo de su lado y se lo pudo quedar.
Entre sorbos de café, se regocija al contar que cubrió un recital de la banda Parte del Asunto, una de las mimadas de la radio Rock & Pop; no quedan dudas de su buena fortuna, ya que la banda misma lo invitó a volver a casa en el micro de la gira. “Terminé trabajando como agente de prensa de la banda”. De esa manera, se rodeó de grosos de la industria. Su habilidad para lanzarse a terrenos desconocidos es una virtud admirable.
Risa mediante, cuenta que ese mismo año vivió otra experiencia fuera de lo convencional. Se fue de viaje de egresados con veintidós años. Su compañero de travesías musicales le pidió que sea el adulto responsable en el tan esperado viaje a Bariloche de su promoción. No pudo decir que no. Así que, con la plata que le pagaron por escribir un libro sobre Roxette, se dirigió al sur del país a pasarla bien con amigos. No todo es trabajo.
Pasan las horas y surgen más recuerdos de la historia sin fin de la carrera de Estheban. Es impresionante y atrapante a la vez. Ya va por su tercer café. Pide algo dulce para comer. Porque no solo es fanático de Bon Jovi sino también del helado. Puede vivir tranquilamente a base de estas dos cosas.
Mira nuevamente sus discos y se acuerda que en 1997 tuvo la oportunidad de viajar por toda Sudamérica, África y Europa, para absorber conocimiento y cultura. Cuenta que, cuando llegó a España, entró a todas las disquerías que encontró y se gastó la plata que tenía en sus bolsillos. Confiesa que en un acto de desesperación, llamó a su madre y le pidió que le envíe más efectivo porque le resultó imposible continuar el viaje. Volvió con un bolso cargado de VHS’s, vinilos y cassettes. También, trajo camisetas de fútbol de cada ciudad que pisó. Le encanta la ropa deportiva, así que viaja seguido usando estas prendas.
Aquellas experiencias no fueron las únicas, ya que su espíritu inquieto lo hizo incursionar en varias radios zonales como columnista de programas de rock. Esto lo llevó a conocer más gente de la industria musical, a vincularse con otras editoriales, escribir notas sobre algunos artistas, hacer entrevistas y cubrir diferentes eventos. Además, por medio de otro amigo, empezó a colaborar como redactor invitado en una editorial de revistas que tenía varios estilos de publicaciones.
Con dichos conocimientos y vivencias, comienza a realizar libros sobre artistas de manera oficial. Al conocer el terreno, la forma de investigar y cómo acceder a las compañías discográficas, esta actividad se transforma en un trabajo estable y entretenido, y con el tiempo, forma lazos mucho más fuertes con el periodismo musical y de espectáculo.
Cuando habla sobre su trabajo, se nota que está seguro de lo que hace. Más allá de todas las anécdotas graciosas y fuera de lo común, Estheban es un profesional del mundo editorial y se toma muy en serio cada proyecto nuevo. No es ningún improvisado. Desarrolló un sexto sentido para las oportunidades y no teme aprovecharlas.
Para Estheban, la edición es la que diferencia un contenido cuidado de un cúmulo de letras. Se apropia de este concepto y lo aplica rigurosamente, ya que se dedica hace años a esta profesión, de forma autónoma y también con grandes editoriales. “Cada libro en el que participo, de alguna forma, me trae diferentes sensaciones. Se hace parte de mí. Dicen que cada título es como un hijo”. Durante toda su carrera, se encargó del departamento de edición de una cadena editorial, participando de cada uno de los pasos del proceso. “Obviamente, ver tu nombre en “letras de molde” agranda el ego y da una caricia al alma, tener una colección de trabajos de tu autoría es bueno, aumenta tu sueldo y ganancias, pero cuando tu trabajo va más allá, no hay libros preferidos, todos te dejan una enseñanza, un aprendizaje diferente. El hecho de ver el libro que tenías en mente en las grandes vidrieras es un verdadero orgullo”.
“Cada libro en el que participo, de alguna forma, me trae diferentes sensaciones. Se hace parte de mí. Dicen que cada título es como un hijo”.
Es consciente de que hace algunos años se trabajaba con películas, cromalines y programas de diseño que hoy parecen obsoletos, y que los celulares o las notebooks compiten seriamente con los libros en formato físico, pero con sus producciones nos da a entender que el papel tiene su lado romántico y, de alguna forma, es irremplazable. No obstante, conquistó el mundo de las publicaciones digitales. “Con la música sucede lo mismo: los discos de vinilo y los cassettes dejaron de ser simples recuerdos retro o de coleccionismo, para ocupar un lugar en el mercado con un gran porcentaje de distribución”.
Más allá del boom tecnológico, Estheban encuentra atractivos los clásicos, y aún sigue optando por las librerías de Buenos Aires, revolver novedades y oler en sus hojas el aroma a tinta. Deja entrever que no hay nada que envidiarle a las grandes capitales del mundo, y que tenemos un mercado nacional muy importante pese a la crisis actual. “Todavía hay mucha cultura por descubrir en las páginas de un libro”, dice, tomando el último sorbo de café.





Esteban Reynoso, fue mi primer editor en mi etapa madura como autor de narrativa y a él le debo la apertura al mercado editorial de nivel profesional. Felicitaciones por haber decidido incursionar nuevamente en el área en la que más de una vez le pedí que lo haga. Me alegra enormemente saber que ha decidido abrevar nuevamente de sus fuentes. Le sobra paño para hacerlo.